América Latina: sus fracturas institucionales y su nueva agenda frente al mundo

América Latina: sus fracturas institucionales y su nueva agenda frente al mundo

1.- Introducción

Este documento busca presentar los diversos momentos en que los países de América Latina han llevado adelante proyectos de integración, los fundamentos iniciales y las razones de los fracasos o las ralentizaciones de los mismos. Han existido esfuerzos de integración determinados por dinámicas internas, pero también por convocatorias externas. Actualmente, todos esos procesos, por diversas razones, han llevado a una crisis mayor en la coordinación y planteamientos comunes: como señalan todos los análisis pertinentes, América Latina transita por una gran fractura de su identidad compartida y su presencia en el reordenamiento mundial se torna cada vez más precaria.

Junto con ello, buscaremos definir aquellos otros campos o focos desde los cuales es posible construir un diálogo compartido desde abajo hacia arriba. Campos diversos, determinados por un proceso ante el cual la región no puede permanecer impasible: el paso de la Revolución Industrial a la Revolución Digital. Y en ello, específicamente, definir una posición autónoma frente a las tensiones que hoy afectan a las relaciones entre Estados Unidos y China, como también determinar la urgencia de una política latinoamericana propia y creativa para sus relaciones con China, llamada a ser una de las potencias del siglo XXI.

2.- ¿Qué es América Latina?

De lejos se ve como un continente uniforme, como si tuviera un solo color, pero toda aproximación muestra la diversidad que le da vida. Son identidades diversas, cubiertas por una identidad regional mayor originada en la simbiosis de los conquistadores, especialmente españoles e ibéricos, que impusieron su realidad cultural sobre los pueblos originarios.

Hoy cuenta con una población de 640 millones de habitantes, los cuales llegarán a 721 millones en 2030, según los cálculos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas. El cuadro de los países más poblados muestra estas cifras: Brasil: 213 millones de habitantes; México: 129 mill.; Colombia: 51 mill.; Argentina: 45 mill. Es un continente con matrices culturales similares, cuando se observa la música popular, la literatura, la estructura de las ciudades, las comidas o los contenidos de sus medios de comunicación. El español es el idioma de casi todo el continente, con la excepción de Brasil donde se habla el portugués. Su población muestra una mezcla de blancos, mestizos, indígenas y negros, lo cual ya determina diferencias en lo social y cultural dentro de los países y entre estos mismos. Hay algunas naciones donde la población indígena es muy determinante en el paisaje humano que la configura:

América Latina, no obstante estar rodeada por dos grandes Océanos claves en la historia – Atlántico y Pacífico – no muestra una conciencia de mar. En todos los países predomina un mirar hacia adentro, lo cual gestó una conciencia de lo rural y de amor a la Tierra (Pacha Mama) a la cual anclar el devenir de los pueblos. Las montañas y los grandes ríos han jugado un papel fundamental en la percepción del universo y del desarrollo civilizatorio.[1]

Es un continente que, comparado con todas las otras regiones del mundo, resulta pacífico por la opción preferencial que cruza el siglo XX de resolver sus conflictos en el derecho internacional, ya sea en tribunales o en arbitrajes. Sólo dos guerras entre Estados pueden considerarse como tales: la del Chaco de 1932 a 1935 entre Bolivia y Paraguay; y la otra el conflicto entre Perú y Ecuador de 1942, que tuvo un rebrote de dos semanas en 1995, llegándose pronto a un acuerdo por intervención de los países garantes del pacto suscrito cinco décadas antes: Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos. Ha habido conflictos internos determinadas por movimientos guerrilleros y de liberalización, en los cuales – salvo remanentes en Colombia – se ha encontrado el cauce político como solución.

América Latina y el Caribe cuenta con un tercio de las reservas de agua dulce de todo el mundo, una quinta parte de los bosques naturales, 12 % de los suelos cultivables de todo el mundo y abundante biodiversidad y ecosistemas de importancia climática global, como el Amazonas, además de cuantiosos recursos ligados a los sectores de la minería y los hidrocarburos. En la región – en relación al planeta – se concentra al menos 49 % de las reservas de plata (Perú, Chile, Bolivia y México), 44 % de las reservas de cobre (Chile, Perú y, en menor grado, México), 33 % de las reservas de estaño (Perú, Brasil y Bolivia) y 22 % de las reservas de hierro (Brasil, Venezuela y México), entre otros metales y minerales.

Además, de acuerdo a cifras de 2012, América Latina y el Caribe es la segunda zona del mundo con mayor cantidad de reservas petroleras, después de Oriente Medio, y concentra una proporción superior a 20 %. En el caso de América del Sur, los recursos naturales – incluidos los envíos del sector agroindustrial, además de los mineros, hidrocarburos y otros- representan más de 70 % de las exportaciones totales.

En muchos sentidos, hoy es una región desmembrada, pero que enfrenta problemas comunes. Por una parte, existe una fuerte desigualdad en la distribución de ingresos y la distancia entre ricos y pobres es de las mayores del mundo. Aunque hubo mejoras desde el 2000, uno de cada 10 latinoamericanos vive en pobreza extrema (10,2%). En 2002 había 57 millones de personas en esa situación en América Latina; en 2017 la cifra subió a 62 millones. “Según las cifras de la CEPAL, tras varios años de relativa estabilidad, la pobreza

extrema se ha disparado hasta máximos de dos décadas y la pobreza general ha aumentado en más de tres puntos porcentuales en un solo año, 2020. El Banco Mundial es aún más pesimista, al proyectar una subida de la pobreza extrema del 24% al 27,6% entre 2019 y 2021. En un contexto de encarecimiento de los productos básicos, este empeoramiento ha provocado, además, que el número de personas en situación de inseguridad alimentaria se haya triplicado desde el inicio de la crisis sanitaria y económica, según las cifras del Programa Mundial de Alimentos de la ONU”.[2]

En el ámbito de los problemas propiamente económicos, las cifras muestran los bajos salarios, la baja productividad o el empleo muy precario (empleo informal). Hay debilidad en la estructura productiva y las economías de la región están muy orientadas a la exportación de recursos naturales (petróleo, cobre, hierro, soja, etc.) y, sobre todo en Centroamérica y México, a la manufactura de baja especialización. Los países latinoamericanos en conjunto ya arrastraban tasas bajas de crecimiento económico que promediaron 0,3% entre 2014 y 2019 y apenas llegaron a 0,1% en 2019. En ese marco llegó el covid-19. Habrá un efecto rebote en 2021, pero desde un nivel de crisis.

3.- Desde lo hemisférico a la integración.

Desde fines del siglo XIX Estados Unidos buscó marcar que esta era una región de su dominio y hegemonía: promovió el concepto “panamericanismo”. En ese marco, ocurrieron diversas intervenciones determinadas por los intereses de la política exterior de Estados Unidos impulsadas bajo la denominada Doctrina Monroe (1904) impulsada por presidente Theodore Roosevelt. Bajo esa política se vio a Latinoamérica como un territorio de explotación ligado a la expansión de los intereses comerciales norteamericanos. Duró hasta la política de buena vecindad (1933) de Franklin Delano Roosevelt y la creación de la oficina del Coordinator de Asuntos Interamericanos en 1940. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, en tanto emergía la llamada Guerra Fría, la visión hemisférica asumió el concepto de lo “interamericano” como planteamiento de las relaciones continentales.

En 1945, cuando se creó Naciones Unidas (ONU), de los 51 miembros fundacionales 20 eran latinoamericanos.[3] Sus planteamientos existieron con fuerte alianza con Estados Unidos y los vencedores occidentales de la guerra. En 1948 la antigua entidad (Unión Panamericana) se convierte en la Organización de Estados Americanos, fuertemente determinada en su quehacer por las visiones políticas de la Guerra Fría. Se asume el concepto de defensa continental colectiva (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), de ayuda económica (Banco Interamericano de Desarrollo) y a las entidades panamericanas pre existente se suman otros ámbitos como el deportivo (Organización Deportiva Panamericana).

Pero en el sentir político latinoamericano, siempre estuvo la idea de la identidad propia. Por ello, el concepto “integración” es una constante en los discursos regionales, especialmente desde los años 50s en adelante. La idea de la unidad regional pasa de generación en generación. Se crean los organismos, se declaran principios y objetivos, pero la acción concreta para lograr una verdadera integración se queda en el camino. La primera experiencia fue la creación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), con un impulso inicial potente de México, Brasil y Argentina. Fue un organismo regional latinoamericano creado el 18 de febrero de 1960 por el Tratado de Montevideo. Funcionó entre 1960-1980, para ser cambiada posteriormente por la denominada Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

Ese proceso de ALAC se efectuaría de una forma gradual por medio de la eliminación de todas las restricciones, cupos y gravámenes al comercio entre los Estados miembros. Pero hubo problemas crecientes por falta de coordinación económica, rigidez en los plazos y mecanismos que no permitían otras formas de negociación. Sus disposiciones sólo se referían al intercambio de bienes y no incluían áreas como servicios, infraestructura, inversiones extranjeras, políticas agrícolas, balanza de pagos, arancel exterior común u otras posibles pautas de coordinación económica, social o política. Ante su estancamiento, en 1969, el Pacto Andino se convierte en una contrapropuesta subregional que busca una integración de países con economías similares (Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú). Suponen que desde ámbito más recortado podrá llegarse más tarde al acuerdo global de la región. Ello tampoco ocurriría y años más tarde este mecanismo trataría de tener otro funcionamiento como Comunidad Andina de Naciones.

La creación de la OMC, el 1º de enero de 1995, significó la mayor reforma del comercio internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Mientras aquella busca dificultosamente avanzar, comienza el impulso de los Tratados de Libre Comercio entre países o grupo de países. México se une a Estados Unidos y Canadá en el NAFTA, mientras Chile comienza a impulsar una fuerte política de estos acuerdos bajo la lógica del llamado “regionalismo abierto”. [4]

Llega el 2000 y el peso de la globalización en marcha, por lo cual se reactiva la idea de la integración, de una sola voz latinoamericana para actuar en el mundo. En particular en América del Sur, reivindicaron el mérito de la integración. Se habló de integración con mucha retórica.  “Integración” fue concepto invocado por razones comerciales y diplomáticas, pensando en negocios y en valores, bajo gobiernos de distinto signo ideológico.

El permanente relanzamiento de Mercado Común del Sur (Mercosur), la reivindicación inicial de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la fundación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), el establecimiento de la CELAC y la conformación de la Alianza del Pacífico (AP) fueron la demostración de aquel espíritu.

Frente a este panorama es válido concluir que Latinoamérica, por si misma, ha vivido una historia de constantes avances y retrocesos en el campo de la integración, incapaz de desarrollar un proyecto único, con objetivos delimitados, claridad en la gestión, con fuerza regional y liderazgo claro. Hay razones que lo explican:

– Visión y entusiasmo político inicial; desacuerdos en la gestión y en los objetivos concretos.

– Evaluación equivocada entre las posibles metas regionales y los intereses nacionales.

– Falta de compromiso estratégico para mantener el proyecto de integración por encima de los cambios de gobierno.

– Persistencia de los nacionalismos económicos, no obstante asumir la globalización y el libre mercado. Impacto del “regionalismo abierto”.

4.- Propuestas externas en pro de la integración con América Latina

Junto a los esfuerzos derivados de las propias iniciativas regionales, también desde el 2000 en adelante se identifican diversos esfuerzos de origen externo a la región, pero que generaron proyectos concretos o citas donde los países latinoamericanos tomaron parte como conjunto regional.

Con Estados Unidos:   George W. Bush (2001-2009) buscó la puesta en marcha del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), por dos prioridades: a) consolidación del dominio comercial y financiero de los Estados Unidos en América Latina; b) control de recursos energéticos y puntos geoestratégicos (petróleo de México y Venezuela). El ALCA como proyecto a consolidar fue acordado y firmado en Miami durante la I Cumbre de las Américas de 1994, abarcando a todos los países del continente americano, con excepción de Cuba. El ALCA debía comenzar a funcionar a partir de la IV Cumbre de las Américas, realizada en Mar del Plata, Argentina en 2005, pero en esa reunión entró en crisis, al punto que muchos ya lo consideraron como «un proyecto muerto».

Las negociaciones se trabaron progresivamente. Primero, Brasil y Argentina se opusieron a ciertas reglas (compras gubernamentales, el trato a la inversión extranjera y las exigencias sobre propiedad intelectual) que EE.UU. buscaba imponer. La IV Cumbre de las Américas (4/5 noviembre 2005) produjo una declaración final que en verdad son dos contrapuestas: incluye una mención a favor de la reapertura del ALCA presentada por Panamá y apadrinada por EE. UU., y otra del Mercosur y Venezuela, en la cual destacan las asimetrías​ existentes entre las economías del continente que dificultaban la puesta en marcha de un área de libre comercio. Previamente ya México (Presidente Vicente Fox) y Venezuela (Presidente Hugo Chavez) se habían enfrentado duramente desde trincheras opuestas.

En 2004, en forma paralela, Venezuela junto con Cuba propusieron la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA). En un par de años se les unen Bolivia, Nicaragua y algunos estados del Caribe. Su proyecto es impulsar un «modelo diferente» que busca la «verdadera integración» económica, política y social de Latinoamérica y el Caribe, con especial énfasis en el desarrollo humano, en contraste con el énfasis en lo económico y comercial que tendría el ALCA[5]. Con la muerte del presidente Chávez y la derrota de Evo Morales, el proyecto – predominantemente ideológico – perdió fuerza, si bien persiste un vínculo fuerte entre Venezuela y Cuba.

En ese marco, la política de Estados Unidos fue la de concretar tratados de libre comercio bilaterales. Además del suscrito con Canadá y México, se suscribieron acuerdos de este carácter con Chile, Perú, Colombia y países centroamericanos. [6]

Con la Unión Europea: regionales, bilaterales y uno en suspenso (Mercosur). La Unión Europea puso en marcha una política de aproximaciones sucesivas, con mucho realismo de la realidad regional. Ya en 1997 la UE y México firmaron un Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación. Uno similar sería suscrito con Chile al concretarse el llamado “pilar comercial” en 2002.

En ese marco, se negoció y suscribió el Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y los países de América Central (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá) en 2010.   Por este mecanismo se dio garantías de acceso preferencial al mercado europeo a todos los países centroamericanos, junto con impulsar el desarrollo sostenible. Sólo poco después se concretó el Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) de 2012. Se determinó una meta progresiva y mutua liberalización de las áreas de intercambio comercial, aunque el propósito mayor para los países firmantes fue atraer la inversión europea a la región Andina.

Con motivo de la creación de CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), la Unión Europea aceptó la idea de una Cumbre bianual entre ambas partes, actualizando así las relaciones previas que se venían llevando a cabo. Como era presumible, el protocolo implícito era tener una cita de alto nivel en un continente y luego en el otro. La primera Cumbre UE-CELAC tuvo lugar en Santiago de Chile en 2013. La siguiente se realizó en Bruselas en 2015, teniendo como lema «Modelar nuestro futuro común: trabajar por unas sociedades prósperas, cohesionadas y

sostenibles para nuestros ciudadanos». Emitieron una larguísima declaración de 77 puntos, asumiendo así una amplia diversidad de temas. Pero hubo un artículo en particular que generaría problemas a futuro, el n° 8: “Reafirmamos que la promoción y la protección de todos los derechos humanos de todas las personas, tal como establece la Declaración Universal de Derechos Humanos, constituyen el núcleo de nuestra Asociación Estratégica”. Algunos países impulsaron que allí también figurara el concepto del derecho al desarrollo, pero todo el texto de este artículo era un claro compromiso con todos los instrumentos internacionales existentes sobre la materia.

En 2017 se suspende la Cumbre que debía llevarse a cabo en El Salvador. El país centroamericano, presidente pro tempore de CELAC, no logra tener el manejo y peso para abordar una situación regional muy quebrantada. El punto crítico estaba en la situación de Venezuela, desacuerdos sobre DD.HH. y sobre legitimidad de Presidente Maduro. Pero ya venían arrastrándose otros conflictos – como el de Unasur – que veremos luego.

En 2019 se firma el Acuerdo de Libre comercio entre la Unión Europea y el MERCOSUR (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), pero hay muchas dudas que pueda ser ratificado por los parlamentos nacionales europeos.

Con la Cumbre Iberoamericana. La Comunidad Iberoamericana de Naciones no es una institución sino un mecanismo de Cumbres con una Secretaría Ejecutiva. Nace en 1991 y hasta 2014 fue anual. La integran España, Portugal y Andorra, desde Europa, y los países de habla español y portugués de América Latina. A esas citas concurren los jefes de Estado y Gobierno de los diecinueve países de América y tres de la península ibérica (España, Andorra y Portugal) que mantienen vínculos culturales e históricos, así como económicos, con Iberoamérica.​ Los miembros de pleno derecho que participan en ella son: Andorra, Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Trata de definir visiones conjuntas de desarrollo. Su identidad está en la Carta Cultural Iberoamericana (CCI).

Cada tanto la entidad cruza por circunstancias de crisis, dada la existencia de otros foros regionales y el método de elegir cada año un tema casi técnico, donde los Jefes de Estado aparecen pronunciando discursos cuyo contenido resulta ajeno a sus roles. En cierta forma, se ha diluido el sentido de tratamiento de temas más políticos como ocurrió en los primeros años tras el 2000. En 2007, por ejemplo, los debates bajo la Presidencia Pro Tempore de Chile giraron en torno del concepto de “cohesión social”.[7] Tras la reunión en Andorra (abril 2021), muy referida a la pandemia COVID 19 y sus efectos, hubo expresiones de duda sobre el futuro de la entidad: “El tiempo ha demostrado que esas soluciones no son efectivas para conseguir que las cumbres tengan sentido en el panorama actual. Por ello, se deben llevar a cabo nuevas reformas que cambien el rumbo y la razón de ser de las reuniones para asegurar su supervivencia”[8]

Foro China-CELAC.-  El 17 de julio de 2014, el Presidente Xi Jinping y un grupo de líderes latinoamericanos y caribeños emitieron una declaración por la cual se aprobó la idea de crear el Foro China-CELAC. Poco después, en la Cumbre de CELAC en La Habana, se ratifica esa decisión. Primer Foro tuvo lugar en Beijing enero 2015; II Foro en Santiago de Chile, enero 2018.

Es un mecanismo de cooperación e identificación de intereses estratégicos compartidos, cuyas citas son a nivel de Ministros de Relaciones Exteriores.   Sus Declaración y Plan de Acción de 2015 y 2018 son concordantes con los principios y metas que ya China venía haciendo en su Libro Blanco de 2008 y 2016 sobre las Relaciones con América Latina y Caribe.

Especial significado tuvo el Foro de 2018, ya que CELAC venía sufriendo fracturas mayores derivadas de las visiones de desarrollo diversas existentes en la región (gobiernos de izquierda, centro y derecha), como también por la crisis de Venezuela. De hecho, la Cumbre CELAC-UE no había podido realizarse en 2017, sin embargo, la cita con China si logró tener lugar en enero 2018. Allí la agenda estuvo determinada por la identificación de áreas concretas de trabajo ligadas a la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Al mismo tiempo, China logró que se emitiera una Declaración especial sobre la Franja y la Ruta derivada de la presentación que allí hiciera el Ministro de RR.EE. de China, Wang Yi.[9]

5.- Fracturas en los sistemas de integración. – En el marco de los planteamientos previos cabe entrar al detalle de los diversos proyectos y las derivaciones que les han llevado a trabarse o convertirse en una sigla más. Para los críticos de esta incapacidad de avanzar hacia un gran acuerdo común (como la Unión Europea) ha llevado a una larga lista de grupos regionales, algunos más vivos que otros, la cual rebasa ya las dos docenas, sin contar con las afiliadas de alguna forma a la Organización de Estados Americanos (OEA) y lo mismo incluye un organismo que tiene reconocimiento global, como la Organización para la Proscripción de Armas Nucleares de la América Latina (OPANAL). [10] En los siguientes análisis damos cuenta de algunas de las fracturas más evidentes de los últimos años y las razones de ellas.

Fractura 1: ¿Mercosur o Alianza del Pacífico?

  • Mercosur (1993): Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Venezuela fue parte del bloque, hoy no. Busca el comercio e integración interna con arancel común al exterior. Nació con solidez y asumió los cambios de Gobierno. Pero sin acuerdo monetario. No tiene acuerdo con ninguna de las potencias económicas mundiales. No tiene normas sobre medio ambiente, inversiones, compras públicas, comercio electrónico, servicios.
  • Hubo un período donde el Mercosur se mostró como contrapeso ideológico a la Alianza del Pacífico (2011: México, Colombia, Perú, Chile). Voceros de los países atlánticos señalaron que el Mercosur defendía la integración y desarrollo propio de sus países. Mientras, se calificaba a la Alianza como un proyecto pro neoliberalismo y comercio abierto.
  • Alianza del Pacífico (AP) tiene tres objetivos estratégicos (1) construir un área de integración profunda con libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas; (2) impulsar el crecimiento, desarrollo y competitividad de sus economías para lograr un mayor bienestar, superar la desigualdad socioeconómica, e impulsar la inclusión social de sus habitantes; y (3) convertirse en una plataforma de articulación política, integración económica y comercial, y proyección al mundo, con énfasis en la región Asia-Pacífico.
  • La AP armonizó todos los acuerdos bilaterales que existían entre sus miembros. Tiene normas avanzadas en áreas como telecomunicaciones, servicios financieros, comercio electrónico. Tienen arancel 0 para 96% de sus productos, será completo al 2030. Pero hasta hoy su comercio interno es muy bajo y no han creado cadenas de valor. Sin embargo, pese al bajo volumen de intercambios comerciales entre sus miembros (alrededor del 3% promedio), el comercio intrazona es de buena calidad y tiene un considerable componente de valor agregado.
  • La Alianza del Pacífico sigue siendo un proyecto de alto interés para más de 50 países observadores. Pero junto con la pandemia ha sufrido un debilitamiento por varios factores concordantes: México (poco interés del presidente con América Latina – salvo sacar a la CELAC de su aletargamiento – y más preocupado de su agenda interna y las relaciones con Washington); las crisis presidenciales sucesivas en Perú (cinco mandatarios en dos años); Colombia y Chile, con gobiernos de derecha, enfrentados a protestas sociales fuertes que ponen en cuestión, precisamente, algunos de los fundamentos de la AP sobre el mercado y el libre comercio, a los cuales se ven como fuentes de desigualdades crecientes.
  • Es, por ahora, un proyecto de integración superficial, si bien ha generado nuevos        vínculos en lo académico, en intercambios de estudiantes, en articulación de las Bolsas de Valor y otros acuerdos menores. La pandemia ha golpeado sus articulaciones más frecuentes. Pero, a la vez, la AP se mantiene como uno de los pocos acuerdos regionales relativamente estables, que continúa avanzando en su agenda de inserción económica internacional. Y su mirada estratégica es convertirse en interlocutor importante ante las economías del Asia- Pacífico.[11]

Fractura 2. Unasur, derrumbe por falta de consenso

La Unión de Naciones Sudamericana (UNASUR) nació en mayo de 2008, con un fuerte impulso de Brasil, que ya en 2005 había propiciado la Comunidad Sudamericana. Brasil –que tiene la ventaja (o la desventaja) de limitar con 9 de los 12 países sudamericanos- se propuso contener cualquier tipo de desestabilización en su propio vecindario. Un proyecto que desde el comienzo Venezuela también vio con entusiasmo. En ello coincidieron los gobiernos de los presidentes Chávez y Lula.

  • Objetivos: Ser “un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos”. Crean el Consejo Sudamericano de Defensa. También consejos de educación, cultura y energía. Un hecho geopolítico interesantes es que además también hacen parte de la entidad a Surinam (ex colonia holandesa) y Guyana (ex colonia británica).
  • En la estructura política predominan los gobiernos de izquierda y centroizquierda, gestándose acondiciones para actuar por consenso, como fue la regla reconocida desde el comienzo para la toma de decisiones. Como institución intervino en confrontaciones internas y disputas entre países (Bolivia 2008, Ecuador 2010, Paraguay 2012). Su período de desarrollo coincide con un tiempo de economía con fuertes exportaciones a China, lo que hace a estos países capaces de resistir, en mayor o menor medida, a la crisis de 2008. Aunque ya hay tensiones internas, en diciembre 2014 se inaugura con gran pompa el edificio sede de UNASUR en Quito.
  • Poco después de aquella inauguración comienza la hora de la declinación y la crisis. Con el 2015 comienza a instalarse una nueva oleada de gobiernos de centroderecha en la región. Y, al mismo tiempo, Brasil entra en una crisis económica y política con repercusiones en toda la región sudamericana. Al 2012 de los siete países con mayor presencia de empresas brasileñas en el mundo, cinco eran sudamericanos. Eso explica por qué, cuando explotó el enjuiciamiento por corrupción en dineros ligados a la política – el llamado Lava Jato -, Oderbrecht, Vale, JBS o Camargo Correa no eran nombres desconocidos para los demás países latinoamericanos. [12]
  • En 2017 la crisis institucional comienza a tocar fondo: no hay sucesor para reemplazar al Secretario General, el ex presidente colombiano, Ernesto Samper. Ello porque no hay consenso para respaldar diversos nombres puestos sobre la mesa, el más significativo el diplomático, ex senador y candidato presidencial José Octavio Bordón, propuesto por Argentina. Venezuela y Bolivia se oponen a tales propuestas y aquel cargo queda vacío. En el mismo Ecuador hay elecciones y aunque triunfa el ex Vicepresidente Lenin Moreno a poco de asumir el poder éste da un giro y, entre las medidas tomadas, está el cierre de la sede de UNASUR. Cambió el signo político de algunos gobiernos, se agotó el ciclo económico expansivo y la organización entró en crisis. En medio de ello, la situación de Venezuela se tornó progresivamente más crítica, generando una enorme migración hacia los demás países de la región.
  • En abril 2018 Colombia, Argentina, Brasil, Chile, Perú y Paraguay suspenden su membresía en UNASUR. Luego lo hará Ecuador y cerrará la sede. Poco después estos países – con Bolsonaro recién llegado al gobierno en Brasil – inauguran en Santiago de Chile el Foro para el Progreso de América del Sur (ProSur). A la primera cumbre de Prosur, ​marzo 2019, concurrieron diez países sudamericanos: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú (Bolivia, Surinam y Uruguay participaron en calidad de observadores). Con el paso del tiempo la entidad demostró no tener mayor relevancia: no se articuló ante la pandemia y varios de sus gobiernos fueron desafiados por protestas sociales internas. Tal vez la síntesis de lo que fue Unasur, la describió adecuadamente el servicio informativo Infobae: “La Unasur se comportó más como un club de presidentes aliados que como un organismo de integración regional”. [13]

Fractura 3: CELAC y el desafío de recuperar la marcha.

La idea de crear la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) se lanza en 2010. Formalmente se constituye en 2011 en Caracas y tiene su primera Cumbre de Presidentes en 2013, en Santiago. Las decisiones serán por consenso.

Nace como resultado de lo hecho por el Grupo de Rio y su coordinación política (logro: la paz en Centroamérica) y la Cumbre de América Latina y Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC), nacida a fines de 2008 frente a la crisis económica.  Se une todo con el compromiso de buscar la paz, el desarrollo socio-económico, la cooperación y coordinación para la región consigo misma y para el diálogo con otras regiones y países en el mundo. Democracia y DD.HH. son fundamento común.

  • La creación de CELAC despierta el interés de actores internacionales para interactuar con la región como un todo, en una política exterior autónoma y sin la influencia de Estados Unidos. La Unión Europea lo ve como una contraparte sólida al inicio y en ese marco tienen lugar las Cumbres de Jefes de Gobierno (2013 y 2015). China, por parte, pone especial atención en lo que puede ser el diálogo con esta entidad. Ello lleva, en 2014, a la creación del Foro CELAC-China y su primera cita se realiza en Beijing, enero 2015.
  • Las crisis en los otros escenarios regionales también tuvieron su impacto en esta entidad. Las contrapartes internacionales (UE y China) tuvieron un enfoque equivocado al suponer que CELAC era expresión de una plataforma conceptual y política de tipo estratégico con la cual podía hablarse como un todo. La idea de “la unidad en la diversidad” no ha funcionado. La parálisis política que se ha generado a raíz de las francas divisiones entre sus Estados miembro, ha obligado a repensar tanto su lógica como sus formas de operación. La última Cumbre presidencial fue en 2017.
  • Especialmente, la crisis política, económica y social de Venezuela ha enfrentado a los países. Junto a Venezuela se alinearon Bolivia, Cuba, Nicaragua y Argentina hasta 2015. Brasil tomó creciente distancia, encerrado en sus problemas propios. La crisis de UNASUR enfatizó las diferencias. Los cuestionamientos de la UE a la participación de Venezuela y Cuba llevaron a la suspensión de la Cumbre UE-CELAC de 2017. CELAC no pudo encontrar una posición común para tratar la crisis venezolana y al mismo tiempo agrupaciones como el llamado Grupo de Lima dejó de ser eficiente, más allá de su retórica. Una expresión de la fractura es que 18 de los 33 países reconocen como presidente legítimo de Venezuela a Juan Guaidó (quien fuera Presidente de la Asamblea Nacional y en enero 2019 se declaró mandatario interino de Venezuela), aunque éste carece de todo poder real en aquel país.
  • Este período de crisis crecientes en CELAC coincidió con países con poco liderazgo regional para llevar las riendas de la entidad como Presidencia ProTempore: República Dominicana (2016), El Salvador (2017/2018), Bolivia (2019).
  • México, en coincidencia con la llegada del gobierno de López Obrador al gobierno de ese país, recibe el mandato de conducir la CELAC en 2020, lo cual le será renovado para el periodo 2021. Ante ello la diplomacia mexicana se propuso una estrategia muy pragmática: asumir la realidad y seguir adelante con una agenda posible, libre de tensiones mayores. “No vamos a discutir temas políticos que se discuten en otros foros, como la OEA (Organización de Estados Americanos) o los Grupos de Montevideo o de Lima. La CELAC no puede hacer otro espacio para discutir los mismos temas.” (Canciller M. Ebrard). México asume la tarea no obstante que Brasil, socio importante en la entidad, decide mantenerse al margen de la institución. “En respuesta a la invitación de México, el Gobierno brasileño comunicó anticipadamente a la Cancillería mexicana que Brasil no participaría de eventos relacionados a la instalación de la nueva presidencia pro tempore de la Celac», según una nota explicativa de la Cancillería brasileña. Como razón señalaron que Brasil “no considera que estén dadas las condiciones para la actuación (apropiada) de la Celac en el actual contexto de crisis regional”[14]
  • La meta de México es revivir a la CELAC: cooperación interestatal de “abajo hacia arriba”, mediante un enfoque de solución de problemas prácticos, de índole técnica. Se busca separar el campo político del técnico y basar la cooperación en temas sectoriales. Ello lleva a impulsar una agenda prioritaria: cooperación aeroespacial; salud; desastres naturales; ciencia y tecnología; agricultura y seguridad alimentaria; cooperación entre las universidades de mayor prestigio. Al mismo tiempo, llevar adelante el diálogo con actores extra regionales, donde tendrá una importancia fundamental la interacción en el marco del Foro CELAC-China.
  • El Covid-19 surgió como un tema inesperado para CELAC y aunque la coordinación entre los países fue mínima, hubo diálogos médicos y de experiencias a trabajar en conjunto como también en las proyecciones de la post pandemia.
  • Hay datos contundentes que afectan a la región como un todo. Entre los 15 países con la tasa de mortalidad más alta por covid-19, seis son latinoamericanos. América Latina, con menos del 8% de la población mundial, registra casi el 30% del total de muertes causadas por la covid-19. Las medidas de protección social han evitado un mayor aumento de la pobreza y pobreza extrema, pero hay un retroceso de 12 años en pobreza y 20 años en pobreza extrema. 167 millones de estudiantes afectados por el cierre de los centros educativos, en una aguda brecha de acceso a Internet en la niñez.

6.- ¿Hacia dónde vamos los latinoamericanos?

En 1993 un destacado diplomático chileno, Hernán Santa Cruz, (que, entre otros logros, fue el inspirador de crear la Comisión Económica para América Latina, CEPAL) dijo que el mundo futuro, especialmente para América Latina, había un reto clave: “Cooperar o perecer”. Esa frase sigue teniendo plena validez en la realidad latinoamericana, ante la fragmentación extrema que vive la región.

  • La relación Estado/Mercado/Sociedad entra en procesos de transformación política: hay nuevas demandas de protecciones y oportunidades. Las demandas sociales y las protestas en diversas ciudades de América Latina señalan que si bien han existido ascensos las desigualdades son muy altas. En sólo dos décadas los cambios en el mundo han sido profundos, pero las élites políticas de América Latina no parecen haber terminado de entenderlos y tener una mirada a largo plazo. “La historia está ahí entregando advertencias. Pensemos sólo dónde estábamos el 2000. La población era algo superior a los 6 mil millones de habitantes, al 2025 superará los 8 mil millones. Internet comenzaba a mostrar las potencialidades de su desarrollo, pero aún con precarios usos de la www y no asomaba el celular inteligente con todo su universo de links, redes sociales y apps. En otros términos, al 2000 aún las sociedades seguían determinadas por flujos verticales más que horizontales. Y eso es lo que cambió: de la Revolución Industrial hemos entrado a la Revolución Digital”[15].
  • Es urgente crear otro diálogo con la globalización. Hay una conciencia de resguardo de medio ambiente muy fuerte en la región, porque las nuevas generaciones buscan otra calidad de vida. América Latina ya emerge como la región más urbanizada del planeta: el 2025, el 86% de su población (567 millones) vivirá en ciudades o megaciudades.
  • Brasil, México y Argentina son tres de los más grandes consumidores de Internet y redes sociales a nivel mundial. En la actualidad, más de un tercio de la población en América Latina cuenta con un teléfono inteligente. Existe un déficit de infraestructuras, y hay un desafío urgente ante el cual prepararse: la irrupción de las tecnologías 5G.
  • La región – tanto en su quehacer político, como económico empresarial y educacional en todos los niveles – debe asumir los impactos que para estos países tiene la irrupción de la Revolución Digital. Ella trae un cambio de época que deja atrás el predominio por dos siglos de la Revolución Industrial gestada con las máquinas a vapor. La post pandemia se convierte en oportunidad, donde el salto a la economía digital podría hacer superar los obstáculos de integración hoy existentes. La innovación se convierte en desafío común, donde hay mucho por avanzar: las redes digitales pueden crear otra integración.

Pero todo este posible salto adelante en la estrategia de la región se dará en medio de un escenario donde las redes digitales y los desarrollos en la data-industry ya son tema principal en la pugna Estados Unidos/ China. América Latina tiene que reforzar su autonomía frente a esta nueva realidad.  Es cierto que somos parte del hemisferio y ello determina una forma de relación con Estados Unidos que debe ser madura y de mutuos respetos. No siempre será fácil. Pero junto con ello los países latinoamericanos deben reclamar su derecho a lo que podemos llamar “multipertenencia”, esto es a la interacción positiva e innovadora con todos aquellos con los cuales existan intereses comunes en los nuevos escenarios globales.

En otros términos, los países de América Latina deberán tener una política de No Alineamiento Activo y de Autonomía en los nuevos escenarios de desarrollo del siglo XXI. Ser pragmáticos con vinculaciones múltiples en la construcción de un nuevo orden mundial. Trabajar para definir un nuevo común latinoamericano dentro de su diversidad.

En ese marco, la relación con China contribuye a la propia integración de ALC buscando temas comunes. En 2018 el II Foro CELAC-China tuvo el valor de lograr que todos los países de América Latina y Caribe concurrieran juntos a un encuentro con la potencia asiática, a pesar de sus diferencias. Aunque ahora Brasil ha suspendido su participación en CELAC, el Foro sigue vivo y los países de la región concurren en conjunto a los diálogos de interés compartido.

La Ruta Digital dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta abre un amplio escenario de posibilidades aún no exploradas en lo político, económico, social y cultural entre ambas partes. La cooperación tiene un marco común para ese diálogo: cumplir las metas de la Agenda 2030 y los objetivos del Desarrollo Sustentable. Ello lleva a cooperar en áreas como las siguientes:

  • Las energías renovables y su aplicación en lo público y privado
  • Las tecnologías contra la contaminación y contención del cambio climático
  • La telemedicina y los equipamientos necesarios
  • La disminución de la brecha digital, especialmente en educación
  • La electromovilidad y la capacitación tecnológica para ello
  • Los desarrollos urbanos y el control informático
  • La agricultura y los cambios tecnológicos en pro de más calidad y productividad
  • Las investigaciones médicas y biocientíficas
  • La observación meteorológica y la capacidad de prevención
  • Las aplicaciones informáticas en el consumo y el diario vivir.
  • El reciclaje del agua y la desalación del agua de mar para uso humano

Todo indica que el diálogo político entre China y los países latinoamericanos entrará en otra etapa de relaciones, con interacciones diplomáticas y consultas de mucho mayor frecuencia que las actuales. Un desafío profundo está en profundizar el entendimiento de lo que es cada cual en sus determinantes históricas, sociales y políticas. Si hay más diálogo habrá más complejidades, pero también más interacciones para aportar – cada cual desde su espacio cultural y civilizatorio – todo lo que sea positivo al ordenamiento internacional del siglo XXI.

 

[1] Los líderes chinos en sus visitas a América Latina tienen un discurso de valoración civilizatorio prehispano que casi nunca aparece en la narrativa de los líderes latinoamericanos cuando viajan por el mundo. Un ejemplo es lo dicho por el Primer Ministro Wen Jiabao, en su discurso en la CEPAL, en junio 2012:” América Latina y el Caribe no es sólo una creación magistral de la naturaleza, sino también una de las cunas de antiguas civilizaciones mundiales al ver nacer la cultura maya, azteca e incaica…El preciso calendario maya, las imponentes pirámides aztecas del Sol y la Luna, así como el maíz, la papa y la calabaza de los incas son conocidos en todo el mundo como parte del patrimonio común de la civilización humana”.

[2] https://elpais.com/hemeroteca/2021-05-28/

[3] En la actualidad hay 193 países en la ONU y la influencia de Latinoamérica se ha tornado débil por la dispersión de sus posiciones al votar.

[4] Este es un concepto de significados diversos. En los noventa, el regionalismo abierto priorizaba el crecimiento del comercio y promovía para ello el libre mercado y la mínima intervención del Estado. A su vez, llamaba a vinculaciones con diversas oportunidades de comercio entre los países de la región como con el resto del mundo.

[5] http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_6602000/6602409.stm

[6] El TLC con Chile no estuvo exento de suspenso. Chile en 2003 miembro temporal del Consejo de Seguridad, se opuso a la invasión de Irak con aprobación de Naciones Unidas. Muchos pensaron que George W. Bush congelaría tal acuerdo, pero finalmente aquello ocurrió, si bien en una ceremonia en Miami con el hermano del presidente y no en Washington. El Presidente Ricardo Lagos se jugó por una política de separación de los temas comerciales de los políticos.

[7] Interesante remarcar que en aquella ocasión un grupo de importantes medios de comunicación de China concurrieron a seguir las informaciones de esa Cumbre, incluida una cita con la Presidenta Michelle Bachelet. De allí derivaron diversos artículos en medios chinos subrayando la similitud entre el concepto y propósitos de la “cohesión social” y el de “sociedad socialista armónica” propuesto en China en ese momento.

[8] Las crisis en el pasado, presente y futuro de las Cumbres Iberoamericanas, ¿Reformulación o agotamiento? Comillas Journal of International Relations. Núm. 20 (2021): Enero-abril.

[9] El balance que deja esta II Reunión del Foro Celac-China es positivo y auspicioso. Las buenas intenciones de la I Reunión en Beijing en 2015 se reafirmaron y ampliaron en Santiago. El transcurso del FCC logró más avances de los que se esperaba, y supo proyectar la situación de incertidumbre global, para afianzar un eje birregional. Chile tomó el rol protagónico que se esperaba como anfitrión, guiando las negociaciones cuando se tensaban, y dando el respaldo a China, su socio estratégico. También Cuba tuvo una participación destacada con su postura de “aliado chino”, pero con la flexibilidad que la región necesitaba frente a algunos temas en los que supo proponer formas y fondos que generaran consenso. Claro está, China fue el jugador global, y lo demostró en la conducción de Wang Yi en el Foro, y logrando aclarar las dudas que la iniciativa BRI generaba en ciertos países. (Análisis de Universidad Nacional de la Plata, Instituto de Relaciones Internacionales).  https://www.iri.edu.ar/wp-content/uploads/2018/02/opiniones_en_el_iri_pavez_rosales.pdf

[10] https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2021/2/26/america-latina-su-sopa-de-letras-262741.html

[11] https://www.academia.edu/42007986/Auge_y_estancamiento_de_la_Alianza_del_Pacifico

[12] https://www.nuso.org/articulo/el-efecto-mariposa-crisis-brasilena-y-secuelas-regionales/

[13] https://www.infobae.com/america/america-latina/2018/04/28/5-claves-para-entender-la-crisis-final-de-la-unasur/

[14] https://www.efe.com/efe/america/politica/brasil-formaliza-la-decision-de-suspender-su-participacion-en-celac/20000035-4151200

[15]https://www.latercera.com/opinion/noticia/columna-de-ricardo-lagos-justicia-intergeneracional-responsabilidad-con-los-que-vienen/

Autor Fernando Reyes Matta
Edición 2021