Opinión - Publicado el

El mundo y la palma de la mano

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Ricardo Lagos

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Este año 2020 se inició con la cita del Foro Económico Mundial en Davos cumpliendo 50 años de existencia e influencia. Pero los debates no tuvieron tiempo de mirar su historia. Mucho más fue constatar los resultados de una globalización económica que, no por ser un proceso ineludible, deja de generar preguntas profundas sobre sus resultados.

Es evidente que el sistema no supo advertir las crisis financieras, como la de 2008, que conmocionarían a fondo las estructuras de este modelo de interdependencia creciente. Y tampoco logró contener el incremento de la desigualdad como hoy dan cuenta las cifras de muchos países industrializados y en desarrollo. Todo eso ya no está solo en diarios financieros o en textos de especialistas: está en la palma de la mano de quien posea un celular. Se trata de miles de millones por el mundo, ya que, según el informe anual de Mobile Economy, el número total de suscriptores de internet móvil llegará a 5.000 millones en 2025, más del 60% de la población mundial.

¿Significa eso que las dinámicas de la globalización deben ser puestas a un lado? Por cierto que no; los desarrollos tecnológicos muestran cómo la transfronterización y la instantaneidad son de la esencia de nuestro tiempo. Ahí está el ejemplo de la epidemia del coronavirus y sus efectos. Entonces, de lo que se trata es de crear un sistema donde los desarrollos y crecimientos generen beneficios y mejor calidad de vida para todos. Las alertas sobre concentración de la riqueza son elocuentes: en 2018, 26 individuos poseían la misma riqueza que 3.800 millones de personas. Es esta realidad la que lleva a constatar que las respuestas políticas del siglo XX son inaplicables en el siglo XXI, un siglo que ya entra en su tercera década. Es aquí donde me parece que está el desafío más grande: porque las protestas que se han visto a lo largo del mundo tienen mucho que ver con la Revolución Digital y el poder ciudadano que ellas otorgan, pero también están determinadas por un sistema capitalista global, cuyo devenir ha generado el ahondamiento de la desigualdad al interior de nuestras sociedades.