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Marco Aurelio García: fundador y miembro destacado del Consejo de Relaciones Internacionales de América Latina.

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RIAL

 Marcelo Camargo/Agência Brasil

 

 

La muerte de Marco Aurelio García el día de ayer, en Sao Paulo, Brasil, constituye una pérdida irreparable para el Consejo de Relaciones Internacionales de América Latina, por lo que queremos manifestar el pesar que nos produce su partida y el reconocimiento a su valioso trabajo en el desarrollo de nuestra institución.

Marco Aurelio Garcia fue, antes que nada, un latinoamericano comprometido con la integración y cooperación de nuestros países. Se inició en el movimiento universitario de Brasil – en las tareas de alfabetización con creación de consciencia – que la Unión Nacional de Estudiantes impulsó a comienzos de los años sesenta, bajo la inspiración del eminente educador Paulo Freire. Cuando se produjo el golpe de Estado de marzo de 1964, que creó la primera Dictadura de Seguridad Nacional de la región, se vio obligado a asilarse en Chile. Desde ahí, buscando la solidaridad para el retorno de la democracia en su país, conoció por dentro el entorno latinoamericano y llegó a la convicción que nuestra primera tarea internacional era convertir a América Latina en una región, con más peso e influencia, en la discusión de las bases del Sistema Internacional y aumentar la autonomía internacional de nuestros países. Tal decisión fue, en adelante, el eje de todos sus proyectos y esfuerzos.

Desde su exilio parisino—luego del golpe de Estado en Chile—unió a sus compatriotas que vivían en el exterior e hizo del quehacer internacional y la solidaridad un motor muy activo de la recuperación de la soberanía popular de su patria, manteniendo un contacto permanente con las fuerzas que trabajaban en el interior para lograr los mismos objetivos.

Conseguido esto, en 1985, tras la victoria de la fórmula compuesta por Tancredo Neves y José Sarney, regresó a Brasil y trabajó para fortalecer el movimiento obrero paulista que lideraba Luis Inácio Lula da Silva, en la perspectiva de una democracia con más participación y cambio social.

Marco Aurelio Garcia fue un hombre de convicciones definidas, pero plural y abierto a la cooperación. Fue honesto, trabajador y, hasta en tiempos difíciles, mantuvo siempre la esperanza en tiempos mejores. En un país donde, por la estructura de su Sistema Político, se requiere de alianzas para gobernar, mantuvo siempre un dialogo con diversas organizaciones y contribuyó, a partir de 2002, al funcionamiento de una coalición política que permitió, en ese momento, importantes transformaciones, aprovechando las ventajas de lo que ya se conoce como la “década dorada” latinoamericana.

Fue un académico relevante en el Departamento de Historia de la Universidad de Campinhas y se convirtió en uno de los más destacados expertos en la Política Exterior de la región. Designado por el Presidente Lula y, luego, por la Presidenta Rousseff como Asesor de Política Internacional, alcanzó un prestigio global por la magnitud y dimensión de sus esfuerzos. Hay que recordar que, en ese tiempo, Brasil se convirtió en el primer país latinoamericano que logró una gran influencia internacional. Situado entre las diez mayores economías del mundo y combinando la tradición de Itamarati, con el impulso que Marco Aurelio imprimía desde Planalto. Brasil pudo constituir el primer bloque de países emergentes al formar la alianza de ese país con Rusia, India, China y Sudáfrica, conocida como BRICS, que representó un segundo polo de influencia internacional alternativo al Grupo de los 7.

La mayor muestra de su innovación y voluntad para acercar a los países latinoamericanos la dio en 2005, cuando, tras la designación por los 10 Jefes de Estado de América del Sur de un grupo de “sherpas” para definir las tareas de la integración sudamericana – que dos años más tarde se confiarían a UNASUR – formuló una propuesta que entrecruzó los principales impulsos que favorecían a los países del área, cualquiera fuera su orientación política: el incremento de la conectividad, a través del proyecto de siete Corredores Bioceánicos que permitirían la conexión entre las regiones del Atlántico y el Pacífico, posibilitando una acción coordinada de nuestros Estados en ambos océanos. También, una estrategia de cooperación energética que garantizaba, para los próximos setenta años, un abastecimiento seguro, impulsando progresivamente los recursos renovables, más amigables con la preservación del medioambiente. Del mismo modo, planteó la necesidad de unir en el campo social los programas de lucha contra la pobreza y de reducción de la desigualdad; finalmente, propuso integrar a nuestras comunidades científicas y efectuar un aporte regional al ciclo de transformaciones científico-técnicas en curso. Esto fue aprobado por unanimidad por los Jefes de Estado en la Cumbre de Cochabamba,  en diciembre de 2005, pero, luego, ante las maniobras burocráticas de siempre, se interrumpió su aplicación.

Con todo, Marco Aurelio nunca dejó de luchar por aquello en lo que creía y sus aportes al RIAL fueron relevantes para que este mantuviera su amplitud y perspectiva de largo plazo, en un ambiente de respeto mutuo, tras las metas de la integración, el progreso y la paz que nos identifican.

En este momento en que ya no contaremos con su contribución, RIAL quiere reconocer sus aportes y perseverancia. También, nos comprometemos a que su espíritu creador nos siga animando para ayudar a hacer posible la América Latina con que él soñó.

 

Consejo de Relaciones Internacionales de América Latina

 

En Santiago, 21 de julio de 2017