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Las Rutas Divergentes de América Latina

Los días 3 a 5 de Diciembre se llevó a cabo en Puerto Vallarta la reunión anual del Consejo de Relaciones Internacionales de América latina (RIAL) un foro de diálogo entre académicos latinoamericanos que, después de una larga historia el siglo pasado.

Por Olga Pellicer

Los días 3 a 5 de Diciembre se llevó a cabo en Puerto Vallarta la reunión anual del Consejo de Relaciones Internacionales de América latina (RIAL) un foro de diálogo entre académicos latinoamericanos que, después de una larga historia el siglo pasado, ha recuperado bríos bajo la dirección del ex -presidente de Chile, Ricardo Lagos. El objetivo de la reunión era reflexionar sobre el posicionamiento de América latina en el contexto internacional del tercer lustro del siglo XXI . Se le concedió atención especial al papel de China así como al debilitamiento del liderazgo, otrora tan definitivo, de los Estados Unidos en la región.

Las conclusiones fueron heterogéneas por lo que toca a lo novedoso de los hallazgos o lo atinado de las propuestas. No hay duda que se atraviesa un momento de grandes cambios en el panorama político y económico internacional una de cuyas manifestaciones más importantes es el desplazamiento del poder económico de occidente a oriente. Esto último ha tenido un gran impacto en América latina; en efecto sería difícil entender la situación actual y el futuro de la región sin tomar en cuenta que China es ahora el socio comercial más importante de países como Brasil, Chile o Perú.

Sin embargo, el hecho anterior no ha propiciado una relación política más intensa y bien articulada de la región con el gigante asiático. Hay un desconocimiento generalizado de su historia, costumbres y formas de operar. No está a la vista ningún intento de actuar coordinadamente hacia ella para mejorar la posición negociadora de un grupo de países exportadores de materias primas. Así, en la relación con China sale a la luz la incapacidad de América latina para ser un actor que fortalece su posición negociadora sumando esfuerzos y hablando con una sola voz.

Lo cierto es que ante una situación internacional que se transforma aceleradamente el papel de América latina es secundario. Mantiene los elementos comunes que la hermanan, algunos de signo positivo como la cultura, otros de signo negativo como la desigualdad y la violencia ( más que en África). Pero, la posibilidad de afianzar modelos de desarrollo exitosos se le escapa, mientras camina con dificultades sobre los numerosos proyectos de integración que no llegan a consolidar.

América latina ha sido muy prolífica en imaginar y establecer proyectos de integración, algunos subregionales y otros destinados a unificar a la región entera, incluyendo el Caribe inglés. A pesar de tales antecedentes, la región se encuentra dividida sin acercase a la unidad dentro de la diversidad que tanto promueve, con buenos argumentos, la CEPAL.

La división proviene de diversas circunstancias. Algunos de corte ideológico, como es el socialismo del siglo XXI que persiguen los países del ALBA encabezados por Venezuela, al que pertenece toda la izquierda radical formada por Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba. La división también está marcada por ejes geográficos norte-sur y este-oeste. La línea norte-sur se trazó desde el ingreso de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte cuando, bajo el liderazgo de Brasil, se le catalogó como “país perteneciente al norte”. Diez años después, en el 2004, esa división se ahondó al crearse, también bajo la influencia de Brasil, la UNASUR, foro de concertación limitado a Sudamérica.

El surgimiento de la CELAC en 2010 representó un esfuerzo por volver a un proyecto incluyente de toda América latina. Carece, sin embargo, de institucionalidad, agenda y mecanismos de seguimiento, lo cual debilita sus posibilidades de acción. Un ejemplo lo ilustra: en la reunión de la Habana a comienzos del 2014 se decidió un encuentro CELAC-China. Todavía no se lleva a cabo pero, de ocurrir, la parte latinoamericana carece de los lineamientos comunes para establecer el diálogo.

Por lo que toca a la división este-oeste, la fragmentación ha cobrado mayor fuerza a partir de la creación de la Alianza del Pacífico en el 2012 la cual comprende a Chile, Perú, Colombia y México, cuatro países que han firmado acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y cuya filosofía liberal contrasta con la de los países miembros del MERCOSUR Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Venezuela, al que posiblemente se unirá Bolivia.

Estos antecedentes permiten valorar mejor y colocar en su justa dimensión los resultados de la Cumbre Iberoamericana celebrada en Veracruz, pocos días después de la reunión del RIAL. Los esfuerzos diplomáticos de México no evitaron la ausencia significativa de los presidentes de países del grupo ALBA, así como de Brasil y Argentina. Aunque se pueden alegar motivos distintos para cada caso, el hecho es que el mensaje de fragmentación y diferencias respecto al reconocimiento que se desea otorgar a España fue claro. No extraña, entonces, que los resultados fueran muy parcos, acotados a temas de educación, innovación y cultura.

Las rutas divergentes de América latina dejan abierta la pregunta de hasta dónde es posible trascender las diferencias actuales y darle mayor peso a dos hechos innegables: de una parte, la profundidad de las fuerzas que unen a la región, la cultura, bajo todas sus manifestaciones, es la más evidente; de la otra, los retos comunes que invitan o exigen acción conjunta, como  la desigualdad, el narcotráfico, los cambios bruscos del precio de materias primas, el cambio climático, la violencia.

La cooperación latinoamericana es una necesidad. Quizá no conduzca a hacer de la región un actor de peso en el ámbito internacional. Una meta más modesta sería utilizar dicha cooperación para incrementar su capacidad de operación conjunta en los diversos ámbitos donde la suma de los países de una región es siempre más importante que la voz aislada de cada uno. Identificar esos ámbitos y trabajar en consecuencia es una de las tareas pendientes para grupos de pensamiento como el RIAL.

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